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Comercio y pequeñas tiendas como negocio El mostrador: atender, recordar y recuperar al cliente

Portada de El mostrador: atender, recordar y recuperar al cliente

El mostrador: atender, recordar y recuperar al cliente

✦ La venta se decide en el mostrador, no en el anaquel. Aprende a atender con cuatro momentos, a anotar lo que el cliente compra y lo que sigue, y a volver a buscar a quien dejó de venir.

Negocios

Firmado y verificado · Negocios

Objetivo: Definir qué pasa en el mostrador (saludo, pregunta, recomendación y despedida), anotar en una libreta lo que el cliente compró y lo que va a comprar la próxima vez, y recuperar al cliente que dejó de venir.

14 min Comercio y pequeñas tiendas como negocio 16–99 años
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El mostrador: atender, recordar y recuperar al cliente

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Qué vas a poder hacer al terminar

En una tienda de barrio, el mostrador es el negocio. El anaquel puede tener el producto perfecto, pero si quien entra no siente que le atendieron, se va y vuelve a la otra tienda. Atender no es un talento: son cuatro momentos que se pueden preparar, una libreta que hay que llenar y una forma de volver a buscar a quien dejó de venir. Esta lección te da las tres cosas.

El caso de esta lección es ficticio: Rosa, su «Abarrotes Rosa» y los clientes de esta lección no existen. Lo que sí existe es la libreta del mostrador, que es el registro de tus propias ventas.

1. Los cuatro momentos del mostrador

Atender bien es hacer cuatro cosas en orden. No hace falta hablar más: hace falta no saltarse ninguna. Y el orden importa, porque cada momento abre la puerta del siguiente.

Flujo de cuatro momentos del mostrador: saludar sin rodeos, hacer una sola pregunta, recomendar un producto con su nombre y su precio, y despedirse cerrando la venta y dejando la nota al día.
El orden importa: si preguntas después de cobrar, ya no hay conversación. Y si anotas después de irte, la nota se queda a medias.
  • Saludo: recibes con tiempo y sin rodeos. En una tienda que atiende sola, el saludo también dice si hay fila o no la hay.
  • Pregunta: una sola pregunta que abra la conversación. «¿Qué necesita?» es mejor que una ráfaga de preguntas que nadie alcanza a responder.
  • Recomendación: un producto con su nombre y su precio. Si ofreces algo parecido, dices cuál es y cuánto cuesta: nunca el cliente se entera por la diferencia al pagar.
  • Despedida: cerras la venta y dejas la nota al día. Si anotas después de irte, la nota se queda a medias y no sirve.

2. La libreta del mostrador

La libreta del mostrador es un cuaderno con una línea por compra. No es un registro de clientes: es un registro de ventas con un dato extra, que es lo que la persona dijo que va a comprar la próxima vez. Esa línea extra es la que convierte a una clienta conocida en una clienta atendida.

Tabla de tres columnas con lo que se anota de cada cliente: lo que compró hoy, lo que sigue, cada cuándo vuelve y lo que no se anota, con un ejemplo y para qué sirve cada dato.
La libreta es el registro de tus ventas, no un expediente de las personas. La línea se ve en la última fila.
  • Una línea por compra: la fecha, lo que se llevó y lo que dijo que sigue. Nada más.
  • Lo que sigue se anota en las palabras de la persona, no interpretadas: «necesita papel de cocina el domingo», no «quiere papel de cocina».
  • No se anota lo que la persona no te dio: su salud, su número de tarjeta, su dirección, lo que cuenta de su vida. La tienda guarda sus ventas, no la vida de su clienta.
  • Si alguien pregunta, la libreta se enseña sin problema: es el registro de lo que se vendió en la tienda.

3. Recuperar a quien dejó de venir

En una tienda de barrio hay una lista silenciosa de clientes que dejaron de venir. No se van porque dejaste de gustar: casi siempre se van porque faltaba algo. Y esa lista es la más barata de trabajar, porque ya sabes qué compraban.

Flujo de cuatro pasos para recuperar a un cliente que dejó de venir: revisar en la libreta cuándo fue su última compra, revisar en el anaquel si faltaba lo que siempre compraba, contactar con un mensaje corto y sin presión, y anotar qué compró y cuándo volvió.
Recuperar no es presionar. Es avisar que su producto llegó, cuando es verdad.

En el caso ficticio del ejercicio, Doña Berta compraba aceite cada dos semanas. Cuando dejó de venir, Rosa no llamó a lamentarse: abrió la libreta y vio dos datos. El primero: la última compra fue hace cuarenta y dos días, o sea tres compras que no llegaron. El segundo: en su última visita preguntó por papel de cocina y no había. La nota de la libreta convirtió una ausencia en una pregunta con respuesta.

  • Se revisa la libreta: cuándo fue la última compra y qué se llevó.
  • Se revisa el anaquel: ¿faltaba justo lo que siempre compraba?
  • Se contacta con un mensaje corto, sin presión y sin excuses: «llegó el aceite que sueles comprar».
  • Se anota la respuesta, incluso cuando no compró: esa línea también sirve.

4. Ejemplos resueltos

Ejemplo resuelto 1: la libreta de Doña Berta

  1. Paso 1. La compra de hoy

    Doña Berta compra dos litros de leche, un kilo de pan y un paquete de servilletas. Rosa anota la fecha y los tres productos en la libreta. La anotación toma menos de un minuto porque la libreta tiene una sola línea por compra.

Paso 1 de 5

Ejemplo resuelto 2: la clienta que no venía desde hace seis semanas

  1. Paso 1. El hueco

    Rosa repasa la libreta del mes y se da cuenta de que Doña Berta no aparece desde hace cuarenta y dos días. Como compraba cada dos semanas, son tres compras que no llegaron: una clienta de cada quince, más o menos.

Paso 1 de 5

5. Lo que te llevas

Tres decisiones y un producto. La primera: el mostrador tiene cuatro momentos, y se atienden en orden. La segunda: la libreta del mostrador anota dos cosas de cada cliente, lo que compró y lo que sigue, y nada más. La tercera: la clienta que dejó de venir se recupera con un aviso, no con una presión. Y el producto: tu libreta de mostrador, con una línea por compra.

La libreta escrita a mano es el principio, pero cuando ya hay muchas líneas, la herramienta T12, Seguimiento de clientes, es donde esa información se ordena y se vuelve una lista de a quién volver a buscar. Lo que salga de la revisión del mes no se queda en la conversación: la T18, Plan de mejora, lo convierte en una acción con fecha. Esta lección no explica cómo funcionan esas herramientas; sólo te dice cuál necesitas y cuándo.

Rosa atiende sola en el mostrador y un cliente pide algo que no está en el anaquel. ¿Qué conviene hacer?

En el caso ficticio del ejercicio, Rosa anotó la siguiente compra de 9 de los 34 clientes que atendió el martes. ¿Qué porcentaje de los clientes quedó anotado para su próxima compra?

En el caso ficticio del ejercicio, Doña Berta compraba cada dos semanas y su última compra fue hace 42 días. ¿Cuántas compras se quedaron sin hacer?

Anotar lo que compra un cliente de siempre invade su privacidad, así que lo mejor es no anotar nada y atender igual a todos.

Une cada momento del mostrador con lo que es.

      Coloca cada acción en el momento en que ocurre.

      Arrastra cada ficha a su categoría (o tócala y luego toca la categoría). También puedes usar el teclado.

      Ordena los pasos para atender una compra en el mostrador.

        Coloca los elementos en orden y pulsa Comprobar.

        Una ayudante dejó estas notas del mostrador. Marca las que no se sostienen.

        Marca la línea o las líneas con error y pulsa Comprobar.

        La libreta del mostrador anota dos cosas de cada cliente: lo que hoy y lo que va a comprar la próxima vez. Cuando el cliente dejó de venir, la primera pregunta es cuándo fue su compra.

        Producto de la lección. Escribe tu libreta de mostrador: fecha, lo que compró y lo que dijo que sigue. Llénala con las últimas compras que recuerdes de tus clientes de siempre y ponle una regla escrita en la primera hoja: no se anota nada que la persona no te haya dicho sobre su propia compra. Después revisa las tres últimas compras y pregúntate, para cada una, qué producto se acabó antes de tiempo. Ese cruce entre lo que la gente pide y lo que falta es tu lista de reposición.

        Una libreta con tres líneas vale más que una hoja en blanco con reglas. Y la regla escrita evita que la libreta crezca hacia donde no debe.

        Tu texto se guarda sólo en este dispositivo.

        Memoria: el mostrador

        Empareja cada concepto con su definición. Con estas seis parejas ya puedes atender una compra y dejar la nota al día.

        Tarjetas de repaso rápido

        ¿Cuántos momentos tiene una atención en el mostrador?
        Cuatro: saludo, pregunta, recomendación y despedida, siempre en ese orden.
        ¿Qué se anota de cada cliente?
        Lo que compró y lo que dijo que va a comprar la próxima vez. Nada más.
        ¿Qué no se anota nunca?
        Lo que la persona no te dio: su salud, su número de tarjeta, su dirección, lo que cuenta de su vida.
        ¿Cómo se recupera a un cliente que dejó de venir?
        Con un aviso corto de que su producto llegó. Presionar es lo contrario de recuperar.
        ¿Para qué sirve la libreta, además de atender?
        Para saber qué se agota antes de tiempo y reponerlo a tiempo.

        Toca una tarjeta para ver la respuesta.

        Segunda pregunta del producto: elige un cliente de siempre que venga cada semana o cada dos semanas y escribe en una hoja qué se acaba siempre antes de tiempo en su casa. Esa lista de productos es tu pedido de reposición disfrazado de conversación. Cuando la lista crezca, ordénala en la T12, Seguimiento de clientes, y pasa lo que más se repite a la T18, Plan de mejora, con fecha y responsable.

        Empieza por un solo cliente. Con un cliente que compras bien, ya sabes qué se acaba en su casa: y ese conocimiento se repite con los demás.

        Tu texto se guarda sólo en este dispositivo.

        Fuentes y para saber más

        Esta lección usa un caso ficticio: Rosa, «Abarrotes Rosa» y sus clientes no existen, y las anotaciones, los porcentajes y los días del ejercicio son cifras de práctica para aprender a atender y a dar seguimiento, no datos de ningún negocio real. Para el contexto fiscal y legal de México, la fuente oficial vigente es el Servicio de Administración Tributaria, y para lo de consumo la PROFECO. Esta orientación general no sustituye la asesoría de un contador o un abogado.

        Para dominar este tema

        Ahora sabes tres cosas: qué pasa en el mostrador, qué se anota de cada cliente y cómo se recupera a quien dejó de venir. Lo que falta es el cuaderno: tu libreta de mostrador, con una línea por compra, la fecha, lo que se llevó y lo que sigue. Empieza con diez líneas de clientes que ya conoces y deja la regla escrita en la primera página. Cuando la libreta tenga dos semanas, vas a tener algo que ninguna hoja de precios da: sabrás qué se acaba en la casa de la gente antes de que se acabe en tu anaquel.

        Chequeo de la lección

        Aquí se mira lo que ya fuiste acertando. Pulsa «Comprobar» para saber si puedes seguir.

        Las respuestas y tu progreso se guardan sólo en este dispositivo. Contenido firmado por su autoría mediante Lumbre.
        Más sobre esta lección

        ¿Todavía no te queda claro?

        No pasa nada: vamos a verlo de otra manera

        Elige el ángulo que más te ayude. Nada es obligatorio ni cuenta como nota.

        Una analogíaSi lo recuerdas mejor con una carta que con una ficha

        Piensa en una carta que te escriben de un lugar al que quieres volver. No lleva datos de la persona: lleva «aquí te espero, esto es lo que había». La nota del mostrador funciona así. No guarda la vida de tu clienta: guarda «esto pidió, esto vuelve a buscar». Con esa línea, el próximo, la tienda ya lo esperaba.

        ↑ Volver al objeto

        Practica un pocoPractica un poco: una semana de libreta

        Durante una semana, anota una línea por cada cliente que ya conocía: la fecha, lo que llevó y lo que dijo que seguía. No anotes nada más, aunque la persona te cuente cosas de su vida: esas no van. Al domingo, revisa la hoja y cuenta cuántas veces se repitió un producto. Esa cuenta es tu pedido de reposición y tu lista de clientes a buscar.

        ↑ Volver al objeto

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